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Amigo, te explico, yo creo que todas las empresas pueden cobrar por sus servicios lo que estimen oportuno, según sea su criterio, por gastos infraestructurales o lo que tenga bien.

Pero lo que no creo que sea razonables es tener un contrato en exclusividad firmado con el cliente. Para que se entienda, sólo esa empresa puede reparar el ascensor, por lo tanto este contrato sólo BENEFICIA a una de las partes la más fuerte (la empresa) y PERJUDICA SOBRE MANERA a la otra la más débil (el cliente) ya que faculta a la empresa para violar los derechos del cliente.

Me explico; dado que la empresa tiene un contrato de exclusividad firmado por el cliente para mantener y reparar el ascensor ¿quien salvaguarda los derechos del cliente? es más ¿y la libre concurrencia de la competencia?. Con este contrato la empresa no sólo somete a su tiranía al cliente, también impide la libre competencia y por tanto la libertad del cliente a elegir el servicio.

¿Qué impide que la empresa invente una falsa avería y deje fuera de servicio el ascensor, durante días o meses como ha pasado en algunos casos, hasta que el cliente firme y pague el presupuesto? Un presupuesto muchas veces también abusivo.

Se trata de un sistema injusto que somete al cliente  a la tiranía de la empresa e impide la libre competencia es un sistema que debería estar prohibido por resultar abusivo.

Con este sistema el cliente no tiene salida; o incumple el contrato y se ve abocado a una reclamación judicial o paga lo que la empresa abusadora exija, esto es claramente injusto para una de las partes, por tanto, debería estar prohibido. Máxime si tenemos en cuenta que cuando el cliente firma el contrato se somete a situaciones futuras imprevistas y sin conocer el alcance de las exigencias de la empresa.

Además, como hemos demostrado en el libro Kone: la piratería del ascensor (ya a la venta en Amazon) siempre es mejor confiar en una pequeña empresa local de mantenimiento, que se preocupan en mantener su cartera de clientes mediante una atención rápida y eficiente, ya que dependen de tener a sus clientes contentos para seguir existiendo y viven del boca a boca. En cambio las grandes corporaciones, más que ascensores gestionan máquinas tragaperras, donde lo único que importa a los fondos de inversión que hay detrás de las compañías internacionales es la cuenta de resultados, por lo que nunca dudarán en desplumar a sus clientes.